miércoles, 7 de enero de 2009

Secretaría de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad


La Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad y su Protocolo Facultativo fueron aprobados el 13 de diciembre de 2006 en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York, y quedaron abiertos a la firma el 30 de marzo de 2007. Se obtuvieron 82 firmas de la Convención y 44 del Protocolo Facultativo, así como una ratificación de la Convención. Nunca una convención de las Naciones Unidas había reunido un número tan elevado de signatarios en el día de su apertura a la firma. Se trata del primer instrumento amplio de derechos humanos del siglo XXI y la primera convención de derechos humanos que se abre a la firma de las organizaciones regionales de integración. Señala un “cambio paradigmático” de las actitudes y enfoques respecto de las personas con discapacidad.


La Convención se concibió como un instrumento de derechos humanos con una dimensión explícita de desarrollo social. En ella se adopta una amplia clasificación de las personas con discapacidad y se reafirma que todas las personas con todos los tipos de discapacidad deben poder gozar de todos los derechos humanos y libertades fundamentales. Se aclara y precisa cómo se aplican a las personas con discapacidad todas las categorías de derechos y se indican las esferas en las que es necesario introducir adaptaciones para que las personas con discapacidad puedan ejercer en forma efectiva sus derechos y las esferas en las que se han vulnerado esos derechos y en las que debe reforzarse la protección de los derechos.

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viernes, 2 de enero de 2009

¿Te imaginas a un galán con síndrome de Down?

Con el paso del tiempo, Pablo Pineda, de 34 años, el primer titulado universitario europeo con síndrome de Down (SD), ha aprendido a tomarse con humor las situaciones incómodas que le ha deparado su cromosoma 21 alterado, al combinarse con los prejuicios sociales. Situaciones como cuando se presentó en el cuartel tras haber sido declarado prófugo de la mili por un error burocrático. "El militar dijo mi nombre y yo dije ¡presente! Él levantó la cabeza y nada más verme la cara gritó ¡exento! Fue muy desagradable", recuerda Pablo, mientras ataca con apetito un solomillo en el Parador de Gibralfaro, en Málaga.

Pineda, medalla de Oro de Andalucía en 2005 y acostumbrado a las entrevistas desde niño, ha elegido ese restaurante "porque tiene muy buenas vistas para la foto". Tras diplomarse en Magisterio en 1999, se embarcó en la licenciatura de Psicopedagogía. El trabajo, los numerosos viajes por toda España para contar su experiencia de superación a familiares de personas con SD, y "cierta apatía" le han llevado a arrinconar "temporalmente" los estudios. El último obstáculo entre él y los libros ha sido el cine.

Durante cinco semanas en septiembre y octubre, Pablo se ha convertido en Daniel, protagonista de Yo también, el primer largometraje de Álvaro Pastor y Antonio Naharro. El filme, coproducido por Julio Medem, se inspira en parte en la vida de Pineda, y cuenta la historia de amor entre dos trabajadores sociales, Daniel y Laura, interpretada por Lola Dueñas. "Trabajar con ella ha sido estupendo, hemos tenido una química y una complicidad especiales", asegura.

El rodaje, entre Sevilla y Madrid, le ha supuesto enfrentarse a escenas con gran carga emotiva. "Ha sido la época en la que más he llorado en mi vida, pero enseguida había alguien del rodaje para que me recuperara. Seguro que Almodóvar no lleva a Penélope Cruz tan en volandas como me han llevado a mí", ríe.

Durante los últimos años, Pineda ha conseguido "emanciparse moralmente" de sus padres, quienes, junto al catedrático de Pedagogía Miguel López Melero, lucharon para escolarizarlo en una escuela normal. "He descubierto los gustos modernos que me diferencian de ellos. Por ejemplo, escucho los 40 Principales o veo Operación Triunfo. Puede parecer una tontería, pero siempre se ha pensado que los síndrome de Down no teníamos gustos propios ni intimidad, y me he rebelado contra eso". La película le ha permitido, ahora, saborear la emancipación física, aunque con la "vigilancia distante" de sus padres, que le telefoneaban a diario. "Me ha gustado la experiencia, y veo la independencia más cerca", asegura.

A Pineda no le gusta que, por el hecho haber estudiado, se considere "una excepción" dentro del colectivo de SD. "Decir que yo soy una excepción es una coartada para no integrar y marginar al resto del colectivo". El actor novel rechaza los límites: "Ojalá llegue un síndrome de Down que sea arquitecto o ingeniero. O galán de cine. ¿Te imaginas a un síndrome de Down haciendo de galán?".


Fuente : Elpais.es